Siempre fui de las personas que soñaba con viajar, con no regresar de mis vacaciones o con quedarme a vivir en uno de esos lugares que se asemejan a un paraíso. Por ello a mis 19 me pregunté: ¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no hacer lo que me gusta? Y entonces me animé. Dejé la facultad y me fui a Brasil.

Durante los dos primeros años viajé mucho, pero luego el fantasma del “asentar cabeza” hizo que me establezca en Maceió por otros 4 años. En el año 99, cansado de la perplejidad de las actividades materiales opté por vender todo e iniciar otro desafío: “recorrer el mundo en bicicleta”; y por que no, tratar de comprender el verdadero sentido de la vida y el como vivirla.

Quiero incluir mi cuerpo y mi alma completamente en este viaje.

Elegí la bici porque siempre creí que es un verdadero medio de transporte que me permite tener más contacto con todo y porque al mismo tiempo me hace bastante independiente. También porque es económica.

Hoy, a tantos años de mi primer pedaleada siento que elegí un camino tan distinto como difícil. Pero no me arrepiento y lo disfruto, porque a mis 34 me doy cuenta que asumí la decisión de darle a este viaje la forma de un proyecto de vida.

Porque uno puede ir tan lejos como su corazón y su coraje lo lleven.

 

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