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Mi diario

Arabia Saudita

La religión en Arabia Saudita tiene un rol fundamental en cada aspecto de la cotidianeidad, por ello el país es único. Pero los Sauditas son buena gente aunque a veces difícil de comprender. 900 km en el desierto, a 14 km/h y escoltado por la policía... durísimo!!!!!

Km 70.220

En el año 2003, desde Eritrea intenté visitar Arabia Saudita, pero sus restricciones para conseguir la visa me lo impidieron. Cinco años después y con casi 50.000 km más a cuestas, llegué a Kuwait, de donde creí que sería más fácil ingresar a Saudi, pero allí tampoco conseguí mi visa. Por ello cuando estaba en Bahrain y la Embajada Argentina de Riyadh me informó que mi visa estaba lista estallé en alegría, porque al fin podía conocer lo que para la cultura occidental es el país más difícil de comprender.

A lo largo de mi viaje también me interesé por los lugares sagrados, por las diferentes religiones y por sus mensajes. Por ello en casi dos años de mi recorrida a través del mundo islámico, Arabia Saudita fue uno de los países más deseados a visitar, porque es la tierra del profeta Mahoma, porque la fe de sus seguidores hacen de la Meca uno de los mayores centros de peregrinaje mundial y porque aquí la religión tiene un rol fundamental en cada aspecto de la cotidianeidad.

Cuando crucé el puente que separa Bahrain de Saudi, me dirigí a Al Khobar, una ciudad que se extiende sobre la costa, en la parte oriental del país. Allí me esperaba Bilal, el responsable local de las Relaciones Públicas del Departamento de Asistencia Social para la Juventud del Reino de Arabia Saudita. El Dr Rashed, el Secretario Gral del Comité Olímpico Saudita ya había pedido por mí. Así, una vez instalado en el albergue de la juventud Bilal me invitó a comer a un restaurante museo donde charlamos durante horas. El estaba muy curioso acerca de mi viaje y yo acerca de sus tradiciones. Según me explicaba, los sauditas están orgullosos de sus orígenes beduinos y de su tradición islámica, que se basa en sus 5 pilares: Profesión de Fe, La Oración, La Limosna, El Ayuno y La Peregrinación a la Meca.

La profesión de fe es el ritual mediante el que una persona profesa su adhesión al Islam pronunciando en árabe lo que traducido dice: "doy fe de que no hay más divinidad que Dios y Mahoma es el mensajero de Dios". Esta afirmación acompaña a los musulmanes durante toda su vida. Se les susurra al oído a los recién nacidos, y a los moribundos se les ayuda a pronunciarla.

El segundo pilar es la oración, que consiste en la recitación de determinados versículos del Corán, acompañada de una serie de inclinaciones, cinco veces al día: al alba, al mediodía, a media tarde, a la puesta del sol y a la noche; y siempre sobre una alfombra y en dirección a la Meca, centro espiritual del Islam. Pero antes de rezar el musulmán debe lavarse la cara, manos, cabeza y pies, y en caso de no disponer de agua, puede practicar el lavado seco, frotándose con arena limpia.
Lo que más me llamó la atención durante mi estadía en Saudi, es que todos los negocios, restaurantes, bancos o servicios cierran sus puertas o dejan de atender durante el rezo, inclusive en los centros comerciales. Por ello cuando estaba en la fila para pagar en un supermercado, debí esperar media hora para que regresen sus cajeros de rezar.

La limosna es el tercer pilar del Islam. Los musulmanes deben dar cada año una limosna a las personas más pobres de su comunidad, empezando por familiares y vecinos equivalente al 2,5% de sus ahorros.

El cuarto pilar es el ayuno, que se realiza en el mes de Ramadán, el noveno mes del calendario musulmán, cuando empieza el cuarto creciente. Se efectúa durante todos los días del mes desde el alba hasta el crepúsculo. Durante el ayuno no se puede ingerir nada sólido o líquido, tampoco se puede fumar o tener sexo. Según me explicaban la finalidad del ayuno permite a los fieles de purificarse espiritual y físicamente para acercarse lo más posible a Allah, dando la posibilidad a uno de erradicar los malos hábitos. Es por ello que durante éste mes la vida de los musulmanes cambia sensiblemente, cuando se vive más de noche.

El quinto pilar del Islam es el peregrinaje a la Meca. Todo musulmán debe visitar al menos una vez en la vida la ciudad más sagrada en el mundo islámico, siempre y cuando tenga los medios económicos y las condiciones de salud necesarias.

Porque se cree que allí Dios ordenó a Abraham a construir la Kaaba, un santuario en piedra para que convocase a toda la humanidad para visitarla, pero con el tiempo los hombres se olvidaron de su significado y practicaron allí la idolatría, desviándose del camino indicado por Dios; hasta que llegó el Islam predicado por su profeta Mahoma y el lugar volvió a ser la santa casa de Dios. La Kaaba es un antiguo edificio de piedra cubierto de una tela negra bordada en oro y es el lugar de referencia simbólico hacia donde los musulmanes dirigen sus oraciones. También a menudo los peregrinos aprovechan la peregrinación para visitar la ciudad de Medina, donde están enterrados Mahoma y otros fundadores del Islam.

Según me explicaba Bilal, muchos musulmanes ahorran durante toda la vida para poder hacer este viaje, que representa una experiencia profundamente espiritual, purificando sus pecados, reafirmando su fe y dando una conducta a sus vidas. Por ello aquellos que realizan el peregrinaje gozarán de un gran respeto al regreso a sus países. Para casi todos los musulmanes es la objetivo más importante es sus vidas.

Camino a Riyadh, la capital

La pedaleada de Al Khobar hasta Riyadh, duró cuatro días, por una ruta prácticamente azolada entre dunas y con mucho viento en contra. Pero lo insólito, fue que los dos primeros días estuve escoltado por diferentes patrullas policiales que se relevaban cada 30 km. Según me explicaron era por mi seguridad y por ello no hice ningún problema, aunque me daba un poco de lástima por los que manejaban, porque yo no podía superar los 12 km/h. Recuerdo que la segunda mañana le pedí al conductor de la camioneta que en vez de escoltarme fuese adelante mío para cortarme el fuerte viento en contra. Y no tuvo problema, y así mi velocidad promedio aumentó a 15 o 16 km/h. Pero más tarde el oficial que recién comenzaba a escoltarme y que parecía apurado se enojó cuando me detuve para almorzar, o cuando en un par de ocasiones paré para sacar una foto. Por ello cuando él me ordenaba a seguir yo le contestaba en un mal tono, cansado y enfurecido. Quizás por ello, los otros dos días de viaje los patrulleros se acercaban sólo unos minutos y luego se iban. Y lo prefería, porque en verdad que no estoy acostumbrado a tener una patrulla escoltándome todo el tiempo.

En ruta Mis escoltas

Cuando llegué a Riyadh, me recibió Samy, un muchacho que formaba parte del Departamento de Asistencia Social para la Juventud. Según me explicó cada viajero que llega al Reino de Saudi debe registrase y ser asistido por ellos. Y en verdad que fue muy gentil, porque gestionó mi estadía en el albergue de la juventud, donde me brindaron un cuarto privado con el servicio del restaurante a cargo de ellos. Samy no quería que salga con la bici por la ciudad, me decía que era peligroso por la cantidad de tráfico; y por ello me organizaba pequeños tours a los lugares de interés o me llevaba a los lugares donde necesitaba ir. Charlamos acerca de la historia de Saudi, de la actualidad y demás, y nos hicimos amigos. También me llevó al hospital para los deportistas nacionales para que me atendiesen por dolores en mi estómago, donde me trataron muy bien, y hasta me dieron la medicina para dos meses de tratamiento. Pero debo confesar que por momentos sentí que mi amigo Samy también me vigilaba, porque cuando salía solo, me llamaba queriendo saber donde estaba, a que hora había salido y a que hora regresaba. “Burocracia Pablo” me decía Samy, “debo reportar todo”. De todas maneras sólo tengo palabras de agradecimiento para él y toda su gestión, aunque por momentos me hacía sentir como si fuese un espía.

El origen de Arabia Saudita

Alrededor del año 1750, en la península Arábica surge un gobernador local de la familia Saud, que unió fuerzas con el teólogo islámico, Muhammad Al Wahhab, creador de la secta religiosa del wahabismo, estableciendo una nueva identidad política. Durante los siguientes 150 años, la familia Saud surgió y cayó varias veces, enfrentando los gobernantes de Egipto, del Imperio Otomano y otras familias poderosas de Arabia. Pero finalmente a inicios del siglo XX, se estableció el Estado de Arabia Saudita por quién luego sería su Rey, Abd al-Aziz ibn Saud.

De esta manera tras el apoyo mutuo, el wahabismo que tenía como fin la necesidad de restaurar la pureza de la religión islámica contaminada por innovaciones, desviaciones e idolatría fue introducido como la manera correcta de practicar el Islam de forma oficial en el Reino. Pero a partir de 1960 y especialmente en la década de 1970, surgió un movimiento liberal dirigido a una apertura hacia Occidente. Este movimiento fue bruscamente revertido cuando la Gran Mezquita de la Meca fue atacada por grupos religiosos ultraconservadores, opuestos a la monarquía Saudita, al mismo tiempo que la República Islámica de Irán se constituía. Este activismo denominado fundamentalismo por el mundo occidental, trató de que los gobiernos de los países musulmanes estableciesen las leyes y prácticas sociales islámicas. De esta manera mientras el líder religioso de Irán, Ayatollah Khomeini pedía la destitución del rey Al Saud, el gobierno Saudita se vio obligado a seguir una política mucho más conservadora en cuanto a las prácticas del Islam en el país, deteniendo los cambios culturales proveniente de Occidente. También el gobierno Saudita de origen Sunita, se vio amenazado por la alta población Shiíta que vivía en la Arabia Saudita.

En los años siguientes a estos acontecimientos se produjo un importante movimiento conservador, que influía en la actuación de la gente, en las políticas del gobierno, en los sermones en las mezquitas y en el trato hacia los extranjeros. Aumentaron los programas religiosos de radio y televisión así como los artículos sobre religión en los periódicos. Estos cambios influyeron también en la indumentaria de la gente que ya era conservadora. Según el Islam, tanto hombres como mujeres deben vestir en público de forma digna y púdica. Recuerdo cuando Samy, que a veces vestía de forma occidental, me explicaba el porque usaba su vestimenta árabe característica: toda blanca, larga y con una manta en la cabeza; cada vez que visitábamos un museo o un órgano gubernamental: “simplemente para ser respetado” me decía.

De esta manera la observación de las leyes islámicas, consideradas anteriormente como responsabilidad de la familia, han sido absorbidas por el gobierno para asegurar su cumplimiento, y lo que antiguamente era una práctica no oficial, fue sancionada como una ley, por ejemplo: la prohibición de que la mujeres puedan conducir. También en la actualidad están prohibidos los cines, así como la práctica de cualquier otra religión.

Por ello, desde el resurgimiento del movimiento conservador, la Mutawa que es la policía religiosa, ha aumentado considerablemente su participación en la cotidianeidad Saudita. Ellos son los que vigilan la abstinencia de comer, beber o fumar durante el periodo del Ramadán. También los que vigilan que las tiendas estén cerradas en las horas de rezos diarios y que la vestimenta de los ciudadanos sea la adecuada. Según me explicaron la Mutawa tiene el poder de arrestar hombres y mujeres que no tienen nexos familiares y estén juntos, ya sea en un café o hasta viajando en el mismo automóvil, porque ellos son el “Ente para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio”. Pero según me contaban a éstos muchas veces se les va la mano. El peor episodio sucedió en 2002, cuando se evitó que muchachas colegiales escaparan de un colegio incendiado en la Meca debido a que no llevaban puesto los pañuelos en la cabeza y la capa negra y porque no había ningún familiar varón para recogerlas. También se dijo que la policía religiosa impidió a los bomberos entrar al colegio, para no mezclarse con las mujeres. Como resultado 15 chicas murieron y 50 fueron heridas. Mas tarde aquellos Mutawas fueron condenados por los jueces religiosos.

Según me explicaron Arabia Saudita es uno de los países islámicos que ha adoptado la Sharía como ley en el Estado. La Sharía es un código religioso para vivir, con sus fuentes en el Corán y en el Hadiz, éste último es la recopilación de los dichos y las acciones del Profeta Mahoma, aunque el Hadiz fue escrito 200 años después de su muerte me decía Abdú, un inmigrante egipcio que criticaba fuertemente la Sharía. Por ello en Arabia Saudita crímenes como el asesinato, la violación, el tráfico de drogas, la brujería, el robo a mano armada, el adulterio, la homosexualidad y hasta la desobediencia de las mujeres hacia la autoridad del padre o del esposo pueden ser castigados severamente. Las penas pueden variar, desde azotes y lapidación, hasta la sustracción de una mano o la decapitación. Pero según me dijeron algunos sauditas esto ya no sucede, aunque otros inmigrantes árabes me contaron que sucede a menudo.

La Sharia, también incluye como falta grave el no cumplimiento de las normas de vestimenta de las mujeres, a las que, en caso de incumplimiento, se las considera inmorales y muchas veces culpables en caso de violación.

Fuerte Masmak Con el velo

Como en casa

Mi estadía en la capital saudita se extendió durante más de un mes, y por ello me hice de grandes amigos, entre ellos la gente de la Embajada Argentina; donde su Cónsul Carlos Erausquin y su esposa Teresa me trataron como a un hijo; me invitaron a comer un montón de veces, Teresa siempre se preocupaba en que no este solo y en cocinarme comida argentina y exquisitos postres, su cocina me recordaba a la de mi madre; en verdad que me sentí como en casa.

Con Julio
Con Julio Como en casa

Luego a través de ellos conocí a Mónica y su familia, todos españoles pero residentes en Arabia desde una vida. Y tuve suerte, porque Mónica que era la responsable en Marketing de Shumou Investment Co, una compañía saudita, decidió junto a su jefe esponsorizarme con unos de sus productos, Olivier & Co. Por ello organizó un evento en uno de sus locales donde asistieron la televisión y varios periódicos. Luego fuimos invitados por un par de programas de TV en vivo.

Durante los últimos días de mi estadía el hotel Marriott también me esponsorizó y organizó una conferencia de prensa; asistí al festival de Janadriyah, que reúne tradiciones y música de todos los rincones del país y fui al hipódromo King Abdul Aziz con Julio, un argentino que entrena los caballos del rey. También corrí en Karting en el circuito de fórmula 3 con Luis y Ashraf.

Evento Olivier & Co
En el Marriott Evento Olivier & Co

El casamiento de la manera más tradicional

Camino a Qatar tuve 5 días de pedaleada, y otra vez fui escoltado por la policía, sus oficiales no se despegaban de mi en ningún momento, porque según me decían se preocupaban por mi seguridad. En varias ocasiones me invitaron a comer y siempre me gestionaron en los paradores un lugar para dormir o acampar. También me albergué en el centro deportivo de Al Hofuf por varios días, donde Mohamed y Mustafa me asistieron con todo lo necesario: “Es nuestro deber hacerlo” me decían, “esta es nuestra casa, nuestra cultura y queremos que tú te vayas con los mejores recuerdos de Arabia Saudita”.

Pablo Garcia escoltado por la policia en Arabia Saudita En Al Hofuf
En ruta escoltado por la policía  En Al Hofuf

Conversando con Mustafa me llamó la atención como los jóvenes se conocen y se eligen para formar matrimonio. Porque según me explicó es la madre con ayuda de las hermanas que en las fiestas matrimoniales de terceros buscan a las posibles candidatas de acuerdo a las pretensiones de uno. Es por ello que en los casamientos las mujeres que no se mezclan con los hombres para festejar, visten los mejores vestidos y usan las mejores joyas, semejándose a princesas. Porque será allí que ellas encontrarán a su futura suegra.

Entonces, una vez echado el ojo, el candidato y su familia se encargan de preguntar a sus parientes, amigos o vecinos si la chica y su respectiva familia, son buena gente. Conocidos sus antecedentes, el candidato llama al padre de la chica y le pide un encuentro para presentarse y pedirle la mano de su hija. En ésta primera reunión el hombre debe contarle acerca de su profesión, su trabajo y sus buenos fines, pero todavía no ve a la candidata; aunque posiblemente ella lo escucha desde algún lugar de la casa, espiándolo. Pasados unos días, la chica y su familia piensan. Luego entran en contacto con el pretendiente, y si la respuesta es un sí, lo invitan a la casa junto con su familia, donde por primera vez conocerá a su futura esposa. Por lo general la pareja se encuentra en un cuarto, acompañados por otro miembros de la familia de la chica, donde ella lo invita con un te, se quita el velo y le sonríe. Aunque dependiendo de la familia, algunas mujeres se presentan con ropa más informal para que el candidato pueda verla de cuerpo entero, porque de acuerdo al Corán, esto es algo que está permitido, aunque la mayoría de los hombres, según me explicaban suelen mirar por arriba y a la apurada por una cuestión respeto y timidez.

También en ese encuentro entre familias, la familia de la chica, le pide el dote conveniente al hombre, que es directamente proporcional a su estatus social, pero que por lo general, en Riyadh, nunca es menor a 15.000 u$s, sin contar el regalo a su suegra que suele ser un set completo de joyas, los gastos de la fiestas y claramente la casa. Pasados unos días el novio vuelve a llamar para dar el sí definitivo, porque aún puede retractarse si él lo desea, (en caso de que no le guste su futura esposa por ejemplo), y así con el padre de la chica se ponen de acuerdo con los detalles de la ceremonia, cuando los novios se encontraran nuevamente. Dependiendo la familia, los novios se pueden hablar por teléfono, o encontrarse para un té en casa de ella, pero siempre con un hermano, u otro miembro de su familia presente. Según Mustafa su matrimonio que fue de esta manera no es muy diferente al de muchos otros en el mundo islámico. Según me explicaba, marido y mujer se conocen y se aceptan durante la vida matrimonial. Y me aseguraba tras 9 años de matrimonio: “yo no puedo estar sin mi esposa, somos felices, y ya tenemos dos hijos”.

A medida que pasaban los días y conversaba con los sauditas me convencía que si a esta gente árabe, de cultura antigua y demasiada tradicional para muchos, se le diese la oportunidad de cambiar inclinándose hacia lo occidental, la mayoría de la gente no lo haría, porque ellos fueron educados y habituados a estas tradiciones. Pese a que muchos de ellos se sienten atraídos por lo prohibido que ofrece occidente.

Es como que la sociedad musulmana, que asegura que se rige bajo el mismo Corán que fue revelado a su profeta hace 1400 años, temiese por la pérdida de su identidad y ciertas costumbres, considerando que una apertura a lo occidental provocaría el desgaste a la institución familiar, es por ello que consideran a la religión como la garantía y origen de estabilidad.

Para ellos la familia es el pilar de la sociedad, cada hijo es una bendición y los viejos realmente son venerados y respetados. Tampoco tienen los niveles de alcoholismo y drogadicción que existen en nuestra sociedad.

Entonces resulta muy difícil analizar con nuestros criterios una cultura totalmente diferente a la nuestra.

Pero también entiendo que por estas latitudes el poder y la religión van de la mano, y por más que un presidente o monarca quiera hacer cambios, no puede.

Janadriya Festival Riyadh
Janadriyah festival Riyadh

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